La Intrusión Kill Chain es un proceso dirigido contra un objetivo con la intención de conseguir unos efectos deseados. Se trata como una cadena porque se compone de una serie de pasos necesarios donde una mitigación en cualquiera de ellos supone la ruptura de la cadena, reflejada en una frustración del atacante.

La Intrusión Kill Chain se compone de una secuencia de siete pasos, que caracterizan las diferentes etapas de un ataque avanzado. Esta cadena facilita a la potencial víctima el proceso de identificar y aprender de cada fase del ataque, lo que le permite determinar si las medidas de protección son las adecuadas en función de la etapa del ataque.

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El conocimiento de la Cyber Kill Chain por parte de los operadores y encargados de la seguridad permite aplicar medidas en este ámbito para proteger los sistemas de control en cada una de las fases de la cadena.

Según la fase y la actuación que quiera realizarse serán necesarias diferentes herramientas, que ya se utilizan hoy en día en los sistemas de control y solo requerirían de un nuevo uso. Otras medidas se corresponden a comportamientos de los propios empleados, que podrán llevarse a cabo fácilmente inculcando una mayor cultura de seguridad en la empresa a través de formación.

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